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viernes, 16 de enero de 2009

Primer encuentro

Hace tiempo que quería escribir sobre esos momentos íntimos que pasamos tu y yo pero no encontraba ni la motivación ni el momento para hacerlo. Ahora que el tiempo se ha encargado de apaciguar la pasión apresurada de los primeros años cambiándola por ese tipo de pasión madura y experimentada y no por ello menos excitante, hay veces que los recuerdos vienen de golpe haciéndome sonreír o excitándome en la ocasión más oportuna.
El otro día estaba en el trabajo dibujando un mapa cuando recordé nuestra primera vez. Fue hace casi diez años, un veinticuatro de diciembre.
Como cada año primero cumplimos con la familia y después, como buenos paganos, fuimos a bailar. Estabas muy guapo con aquella camisa de seda y mis manos te acariciaban la espalda al ritmo de boleros, bachatas, merengues... No sé si fue la cálida música tropical, los mojitos o el calor de tus besos pero supe que aquella noche sería tuya.
Llevábamos tres meses saliendo y no habíamos pasado de los besos. Si, ya sé que eso era culpa mía. Yo puse las condiciones. Nada de sexo. No estoy preparada te dije. Torpe pretexto para ocultar el miedo que me producía iniciar una relación estable a tan solo unos meses de mi divorcio de aquel impresentable. Tu respetaste mi decisión y en ese tiempo jamás intentaste llegar más allá aunque me consta que te costaba un trabajo enorme contenerte sobretodo, cuando nuestras lenguas se juntaban y mis manos se colaban bajo de tu camisa acariciándote el vello. En ese momento, tus manos trémulas rozaban mis pechos instintivamente y tu cuerpo se pegaba el mío. Podía sentir el calor de tu sexo hinchado, oprimido bajo tus tejanos, pegarse al mío que se licuaba sin permiso deseoso de ti. Pero siempre te contenías y eso fue lo que me enamoro de ti.
“Estoy cansada “ te dije “¿Me llevas a casa? Te invito a un café” Era la primera vez que estaríamos juntos en mi piso de noche y solos. Siempre lo habías evitado supongo que era demasiada tentación para ti.
Puse aquella cinta de Sabina que tanto nos gustaba a los dos y en vez de café abrí una botella de cava y me senté a tu lado en el sofá. Bebimos abrazados escuchando la música, besándonos cada vez más apasionadamente. Te susurré al oído que te quería y entonces no sé porque, se me ocurrió atarte y vendarte los ojos. Te sorprendió, amor mío, pero ya era tarde para dar marcha atrás y tampoco estaba dispuesta a ello. Mordisqueándote la oreja te iba diciendo muy bajito lo mucho que te deseaba. Te tumbé sobre el sofá y me senté encima de ti levantándome la falda hasta la cintura para poder moverme mejor.
Estabas nervioso, a pesar de que creías conocerme bien mi comportamiento esa noche no cuadraba con la imagen que tenías de mí. Desabroche la camisa despacio con la boca lamiendo y besando el pedazo de piel que quedaba descubierto. Cogí tus manos y las puse sobre mi culo descubierto. Vacilaste un segundo al notar que no llevaba ropa interior pero yo te volví a besar y tus manos presionaron por fin suavemente mis curvas.
Te mordí los pezones, diste un respingo pero gemiste cuando pase mis uñas por tus costados y la punta de mi lengua los rodeo calmando el dolor. Temblabas, amor, y yo cada vez te deseaba más. Me quite la blusa y el sujetador y lentamente fui rozando con mis pechos el tuyo. Mis pezones jugaron con los tuyos y tu sexo crecía, oculto todavía, bajo el mío. Me arrodille en el suelo y pase mi lengua por el borde del pantalón desabrochándotelo poco a poco. Te acaricié distraídamente el bulto que se te marcaba bajo el áspero tejido. Te baje un poco el pantalón y mi lengua traviesa se coló por el elástico del slip rozándote apenas el glande. Tu respiración se aceleró cuando acabe de bajar el pantalón y mis dientes marcaron el contorno de tu sexo sobre la suave tela de tu slip. Mis uñas no dejaban de acariciarte el pecho, tus costados, tus ingles. Mi boca iba de tus muslos a tu sexo liberando poco a poco tu sexo duro y cálido.
Mis labios lo atraparon por fin cuando menos te lo esperabas, tu cadera se movió introduciéndomelo más profundamente en la boca. Jugué con él un buen rato. Me encantaba su sabor, sabía a ti cielo. Me descontrolaba sentir tus gemidos y el temblor de tu cuerpo estremecido de placer cada vez que sacaba y metía lentamente tu pene hasta el fondo de mi garganta sin dejar de presionar con mis labios. Gritabas, me pedías más y tuve mi primer orgasmo sin que apenas me hubieras tocado.
Volví a sentarme encima de ti, mi sexo humedecido por mis jugos sobre el tuyo, rozándose. Me movía lentamente, nuestros cuerpos pegados, la piel quemándonos. Por fin entraste en mi. ¡Que placer amor! Me eché para atrás y me quede quieta un instante disfrutando de ti ¡Estabas tan adentro! Mi balanceo, lento al inicio fue haciéndose cada vez más rápido. Arriba, abajo, contoneándome, pegándome a ti para besarte, pasándote mis pechos por la cara y otra vez hacía para, sin respiro, volver a empezar. Tus caderas intentaban seguir mi ritmo embistiéndome profundamente. Desate tus manos y me cogiste por las caderas empujándome contra tu cuerpo desencadenando mi segundo orgasmo. Vibraba y mi vagina se contraía, relajaba y volvía a contraerse presionando tu pene sintiendo tus espasmos y el calor de tu semen dentro de mí.
Te quite la venda de los ojos, te besé y me abrace a ti disfrutando del maravilloso orgasmo casi compartido. “Te quiero” te dije. Tus labios sellaron mis labios, acariciabas mi pelo. Era tanto el calor de nuestras bocas y tanto el deseo que nos envolvía que tu sexo volvió a crecer dentro de mí y empezaste a moverte lentamente al mismo tiempo que yo contraía mi vagina atrapándolo. “Me vuelves loco” dijiste saliendo de mí, cogiéndome en brazos y llevándome a la cama. Me encontré boca abajo mis pechos aplastados contra el colchón y tu boca explorando mi sexo, lamiendo mis jugos y tu semen. El placer llegaba como descargas eléctricas venciendo mi pudor. Jamás nadie me había hecho eso por increíble que pueda parecer. Me abandoné del todo cuando tu lengua rodeo mi clítoris y tus dedos penetraron en mi. Una mano bajo mi cuerpo pellizcaba mis pezones cada vez más sensibles. Todo mi cuerpo se convulsiono ante el tercer orgasmo momento que aprovechaste amor para volver a penetrarme. En esta posición, yo a cuatro patas tu detrás empujando, parecía que nos fundiéramos y aún así quería más, gritaba pidiéndote más y tu empujabas cada vez con más fuerza. Cuando me cogiste del pelo clavándote salvajemente en mi creí que me destrozarías y a pesar de ello me escuchaba decirte “Más fuerte, fóllame más fuerte” Esta vez llegamos los dos a la vez, gimiendo caíste sobre mí y yo aplastada sobre el colchón eleve mi cadera para compartir nuestros espasmos. Tu semen y mi flujo resbalaban por mis piernas provocándome nuevos espasmos. Te tumbaste en la cama y me acurruque junto a ti. Estábamos sudados y recuerdo tu voz susurrándome al oído, las caricias de tus manos y el calor de tu cuerpo antes de dormirme. Cuando desperté a la mañana siguiente seguíamos abrazados. Dormías, te bese y cerré los ojos para no despertar nunca jamás.

El timbre corto de pronto mis pensamientos, era la hora de irse. Nunca una tarde de trabajo se me hizo tan corta a pesar de que de los cuatro mapas que tenía por hacer solo logre acabar uno. Salí corriendo en tu busca y te besé apasionadamente mientras susurraba en tu oído: “Necesito que me folles ahora mismo”.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Qué bonito. Todo el tiempo he pensado que era una evocación exacta de aquel momento. Seguro que lo es. ¿Te has dado cuenta de que hay un momento, sin embargo, en que dejas de dirigirte a él en segunda persona, y sólo lo cuentas en tercera? Sólo ha sido un momento:

"Me abandoné del todo cuando su lengua rodeo mi clítoris y sus dedos penetraron en mi. Una mano bajo mi cuerpo pellizcaba mis pezones cada vez más sensibles"


Un besito

CAPTAIN JACK ESPÁRRAGO dijo...

Joder vecina...

que prolífica estás ultimamente.


Me encantan tus relatos, son tan... húmedos.

:)

Melibea dijo...

Anónimo - Me alegro que te haya gustado y gracias por la indicación, ya he corregido el error. Es lo que pasa por no tener corrector de estilo. Jajaja.
Mi querido capitán, algún día tengo que dedicarte un escrito especial para vecinos. Siempre me alegran tus comentarios.

Evita-Dinamita dijo...

me gusta comoe scribes!