/*Codigo para emoticonos*/

viernes, 25 de julio de 2008

Día Mundia del BDSM

Cuando me decían que existía un día para casi todo no acababa de creermelo pero vaya... parece que sí. Ayer, 24 de julio, era el Día Mundial del BDSM y bueno... se me ocurrió que un pequeño relato de dominación suave podía ser adecuado para conmemorarlo.
Espero que lo disfrutéis.


SOMETIENDO A LAURA

-Srta. López, la espero en mi despacho en diez minutos.
No estaba seguro si mi tono de voz había sido sufientemente serio. Me gustaría que a ella le haya quedado claro quien es el que manda aquí.
Dos leves toques anunciaron su presencia antes de que se abriera la puerta.
-Pase y quédese en pie frente a mí.
Me hizo gracia su cara de desconcierto pero me mantuve serio. Era una mujer de costumbres por lo que hoy también vestía vaqueros desgastados y camisa clara abrochada, como siempre, un botón por encima de lo que a mí me hubiera gustado. Llevaba el pelo recogido en una coleta que la hacía parecer más formal de lo seguramente era. No iba maquillada a excepción de los sempiternos labios rojos.
-Se preguntara por qué la he llamado.
-Sí -contestó sin apenas mirarme.
-Hace un año que esta con nosotros y tengo que decidir si pasa a formar parte de la plantilla de forma indefinida o si decido prescindir de sus servicios.
Esbozó un gesto de pánico y esta vez si me miró.
-Lo cierto es que no estoy contento con su trabajo, creo que usted podría dar mucho más.
-Pe...ro- balbuceó.
-Déjeme hablar. Es usted muy maleducada.
Bajó la vista mordiéndose el labio inferior. Su cuerpo pareció empequeñecerse. Su aspecto desvalido la hacía irresistible.
-Quiero darle una oportunidad aunque dudo que usted pueda comprometerse y asumir las nuevas tareas que se le impongan.
-Por supuesto que sí- exclamó esperanzada.
-Mal empezamos si no es usted capaz de mantener esa preciosa boquita callada.- No pareció darse cuenta del cambio de tono o tal vez prefirió ignorarlo. Veríamos hasta donde llegaría.- Le conviene un cambio de departamento y como no me fío de usted. Si se queda, pasará a ser mi asistente personal, y trabajará junto a mí en este despacho.
Me miraba sorprendida sin atreverse a hablar. Jugueteaba con los dedos nerviosa.
-¿No va a decir nada?- le pregunté aturdiéndola.
-No sabía si podía...- Otra vez esa cara de desamparo. ¡Estaba disfrutando como nunca! -¿Qué tipo de tareas deberé realizar exactamente?- preguntó por fin.
Había llegado el momento de poner las cartas sobre la mesa y ver si mi impresión sobre ella era falsa o no.
-Deberá cumplir todas y cada una de mis órdenes por extrañas que parezcan y sin cuestionarlas, por supuesto.- Ya estaba dicho y ella no reaccionaba.- Si acepta, aquí tiene la documentación que tiene que firmar. Si no, ya puede irse a casa. En unos días le llamarán para que recoja la liquidación.
-De acuerdo- dijo con gesto adusto. -Me quedo con usted.
Mmmmm, la cosa se ponía interesante. Posiblemente no había errado con ella.
-Muy bien. Srta. López sepa usted que ha tomado una decisión importante por lo que, antes de firmar nada, creo que es conveniente que realice usted una prueba que me demuestre que está a la altura del puesto que va a desempeñar.- De nuevo el miedo en sus ojos. -Haga el favor de quitarse esa ropa de oficinista. No le queda nada bien.
Su indecisión era total y las manifestaciones de su cara impagables: estupor, rabia, miedo, rechazo... ¿Se quedaría? Finalmente bajo la vista y empezó a desabrocharse la camisa. ¡Lo sabía! pensé para mi.
Su blanca piel se iba descubriendo poco a poco. No sé si su lentitud era producto de la vergüenza o lo hacía a conciencia para provocarme más. Porque si de algo estaba seguro ahora, es que bajo ese aspecto de niña buena se ocultaba una zorrita en potencia.
No tenía demasiado pecho pero el wonderbra que usaba le marcaba un canalillo muy seductor. Dudó un poco con el vaquero pero por fin me dejó ver sus piernas y el pequeño tanga transparente que cubría su sexo. Una prenda nada discreta, por cierto.
Decidí ponerla un poco más nerviosa y levantándome me dirigí hacía ella mirándola con descaro. Recogí la ropa que había caído al suelo, la puse sobre una silla y me coloqué a su espalda, casi rozándola.
-No me gusta la gente desordenada. Ya sabe lo que tiene que hacer con el resto de la ropa que aún no se ha quitado.
Dio un respingo y volvió a vacilar. ¡Le hubiera arrancado yo mismo ese sujetador! Volví a mi mesa completamente seguro de que ella iba a seguir cumpliendo mis mandatos. Me quedé de pie, apoyado en el tablero frente a ella. Apenas nos separaban dos metros.
-No creo que esto sea necesario- murmuró.
-Si no desea continuar vístase y váyase a casa. No me equivocaba con usted al pensar que es incapaz de cumplir lo que se lo ordena.
Con gesto vencido se quitó por fin el sujetador y el tanga, los colocó sobre el resto de la ropa y se quedó inmóvil tapándose con las manos su vientre.
-Aparte las manos de ahí, quiero verla bien.
Con la cara enrojecida y una mirada de furia lo hizo sin protestar. Estaba bellísima. Sus senos pequeños pero erguidos parecían desafiarme y para mi sorpresa llevaba el pubis totalmente depilado.
-Dese la vuelta.
La visión de su culo disparó mi excitación. Demasiado grande según los cánones, perfecto ségún mi criterio bastante alejado de las modas actuales.
-Abra las piernas e inclínese hacía delante. Así no la puedo ver bien.
Me hubiera gustado tener un espejo frente a ella para ver su rostro. No creo que le hiciera mucha gracia exponerse de aquella forma tan impúdica. Sus nalgas prominentes no lograban ocultar del todo un pequeño anillo rosado y prieto circundado por miles de arruguitas pero los presumiblemente suaves labios de su sexo se habían separado lo sufiente como para permitirme ver con claridad un pequeño botoncito de carne roja un poco más allá del inicio oscuro y tentador de su vagina.
Me aproximé a ella y sin preámbulos hundí uno de mis dedos. ¡Estaba mojada! Lo saqué empapado y rocé su clítoris antes de volverlo a meter en aquella deliciosa sima.
-Tantos escrúpulos y resulta que es usted una zorra- le dije siguiendo la secuencia iniciada de meter-sacar-rozar-meter. Ella gemía levemente incapaz de controlar su cuerpo. Recibía las vibraciones de su sexo a través de mis dedos. ¡Estaba cachonda perdida! Movía la cadera adelante y atrás. Primero acompañaba mis dedos, en aquel momento ya eran tres los que la penetraban, después perdió el control. ¡No era yo quien la masturbaba era ella quien se estaba follando a si misma con mis dedos! Se corrió entre gritos sofocados ¡Menudo espectáculo! Saqué como pude los dedos aprisionados y volví a mi posición anterior delante de la mesa. Toda su piel estaba cubierta por una fina película de sudor. De su sexo brillante se deslizaban hacía los muslos hilillos de un flujo blanquecino y apetecible que por esta vez no iba a probar. Ya habría tiempo.
No quise darle un respiro.
-Póngase a cuatro patas y venga hacía mí- ordené con voz ronca mientras me desabrochaba los pantalones y liberaba mi polla de su encierro. -Imagino que una zorra como usted no necesita más instrucciones- le dije acariciándome frente a su cara.
Sus labios aprisionaron mi sexo y casi me voy a la primera succión. Dominándome, la así por la coleta y empecé a follarme su boca sin importarme las muecas desesperadas que hacía por coger aire ni las lágrimas que escapaban de sus ojos. Tenía una boca pequeña y deliciosa que mi sexo llenaba por completo. ¡Que gustazo correrse en ella! Pero no, hoy me apetecía más romperle ese culo que pedía a gritos ser penetrado. Así que con un autocontrol que ni yo mismo sabía que tenía, me aparté de su cara, la levanté y la tumbé de espaldas sobre mi mesa.
Empezó a resistirse cuando se dio cuenta de lo que yo pretendía hacer pero la tenía firmemente sujeta.
-No, por ahí no- gritó al sentir la presión de mi polla en su cerrado anillo.
Seguí apretando sin hacerle caso. Ella se agitaba pero ya mi glande había vencido la resistencia de su carne. Con un empujón logré meterla toda. Ignorando sus gritos continué moviéndome dentro de aquel canal estrecho que enfundaba mi sexo. Salía y entraba sin detenerme. Sus gritos se iban transformando en gemidos. ¡Le estaba gustando! Elevaba la cadera cada vez que la envestía y su trasero palpitaba de una forma...mmmmm ¡Era como si me ordeñara!
-No te pares- gemía. Y yo... no podía más pero seguía. Sus piernas temblaron mientras se corría entre jadeos. ¡A la mierda el autocontrol! pensé mientras llenaba aquel glorioso culo con lo que a mi me parecieron litros de esperma y me dejaba caer sobre ella.
Salí despacio de su interior besándole la espalda. La cogí en brazos, la tumbé en el sofá y la cubrí de besos y caricias. Ella se dejaba mimar con los ojos entrecerrados y una sonrisa preciosa iluminaba su cara.
-Te quiero- le dije abrazándola.- Gracias por este maravilloso regalo.
-¡Qué menos! No todas las parejas duran diez años juntos. Por cierto... ¿Sigo conservando el empleo?- dijo entre carcajadas mientras yo la estrechaba entre mis brazos.
Nos vestimos y dejamos el despacho tal y como lo habíamos encontrado. Pensé en la cara que pondría mi jefe si supiera lo que había pasado sobre su mesa. Alguna ventaja tenia el hecho de tener las llaves de la oficina. Claro que... Cuando Laura me lo propuso no lo tenía muy claro. ¡Solo faltaba que a alguien le diera por hacer horas extra un sábado por la noche! Pero esta mujercita mía es muy persuasiva y... ¿A quien no se le ha pasado nunca por la cabeza hacer realidad sus fantasías?

2 comentarios:

CAPTAIN JACK SPARROW dijo...

Está cachondo el relato...

un saludo.

Venus dijo...

Nunca me han sometido... ¿porqué será?