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lunes, 25 de agosto de 2008

Besos a través del cristal

Todos los días eran iguales para Eva. Por la mañana el trabajo, las mismas caras, los mismos gestos, la misma máquina empeñada en estropearse cada vez que intentaba escaquearse un poco para soñar con algo mejor y luego su casa, allí la cosa no mejoraba, un plato de comida recalentado sobre la mesa y como única compañía su soledad. A media tarde ¡las inevitables compras! A veces acompañada, en las raras ocasiones en las que su marido estaba despierto, la mayoría sola.
Solían cenar juntos frente al televisor, éste y la rutina se abrían camino entre ellos y cada vez era más difícil mantener un diálogo, eso las pocas veces que lograban iniciarlo.
Eva empezaba a vivir a las nueve y media de la noche justo cuando la puerta de casa se cerraba tras Carlos. Ponía en marcha el ordenador, se vestía con su mejor camisa de dormir y estrenaba aquella lencería que jamás se había puesto delante de él.
Manuel la esperaba tras el monitor a unos cientos de kilómetros, siempre puntual a la cita. La cara de Eva se iluminaba y su sonrisa borraba las arrugas que durante el día marcaban su rostro. Desaparecía la fatiga y el tiempo se detenía. Sus labios carnosos de un color intenso se acercaban a la pequeña cámara juntándose, gracias a la ciencia, con los de él. Uno, dos, tres, infinitos minutos ¡Sabía tan dulce aquel beso!
Las manos de él dibujaban su figura en el aire y ella se estremecía sintiendo su calor. Ella simulaba desabrochar los botones de su camisa y Carlos lentamente materializaba esos gestos. Su pecho era ancho, muy moreno y cubierto de vello. A Eva le encantaba pasar su mano por él lentamente. No era excesivamente guapo pero eso no tenía la menor importancia.
-Te quiero- decía él y la boca de ella lo callaba con un beso. No quería pensar en sentimientos, tan solo disfrutar del momento, a pesar de que en el fondo sabía que se estaba enamorando.
Las manos de Eva deslizaban los finos tirantes rojos y la seda caía arremolinada en su cintura. Sus pechos desafiantes enloquecían a Manuel. Los besaba, acariciaba, lamía sus pezones y ella humedecía sus dedos en su boca los pasaba por sus senos, pellizcaba sus pezones, inclinaba su cabeza sacando la lengua tratando de lamerlos siguiendo los movimientos que él hacía.
-Cariño, ponte de pie. Me gustaría tanto ver todo tu cuerpo.
Eva se erguía frente a la cámara, se colocaba de espaldas a ella. Dejaba caer el camisón al suelo y se doblaba hacía delante exhibiendo sus nalgas realzadas por la fina tira del tanga negro.
-Dios, eres preciosa-jadeaba él.
Entonces se giraba poco a poco y frente a él introducía sus dedos por el elástico de la pequeña prenda y poco a poco iba dejando al descubierto su sexo completamente depilado, tal y como él le había sugerido la última noche que estuvieron juntos. La expresión de su cara, totalmente diferente al gesto de asco de Carlos, compensaba las discusiones que había tenido que soportar por este motivo.
-Desnúdate cariño, te deseo-le pedía ella –Me encantaría lamerlo, besarlo, acariciarlo-decía mirando el sexo excitado de Manuel mientras él se acariciaba enardeciéndose aún más.
Eva sentada al borde de una silla colocaba sus piernas abiertas apoyadas sobre una mesa en una posición acrobática que dejaba su sexo abierto para él. Sus dedos, entonces, se deslizaban por la rosada piel brillante de humedad.
-Mi amor imagina mi boca recorriéndote, mis dedos entrando en ti-gemía Manuel.
-Si, siento el calor de tus besos, tu lengua sabia sobre mi clítoris recreándose en él. Mis manos sobre tus nalgas atrayéndote hacía mí, hasta tener tu sexo totalmente dentro de mi boca. Juego con él metiéndolo y sacándolo lentamente, lamiéndolo y aprisionándolo de nuevo con mis labios.
Los dedos de Eva anegados se hundían en su vagina palpitante acariciándose al mismo tiempo sus pechos y su clítoris hinchado. Sus gemidos se incrementaban.
-Mi vida ¡quiero estar dentro de ti! Penetrarte poco a poco gozando la tibieza de tu piel, quiero abrazarte fuertemente, hundir mi cabeza en tus maravillosos pechos y moverme en tu interior cada vez más rápido.
-Ohhhh, siiiiiiiiii, sigue mi amor.
Gotas de sudor perlaban la frente de Manuel al mismo tiempo que sus manos apretaban su pene cada vez mas duro acelerando los roces de sus manos sobre él.
–Ummmmm, no sabes como te deseo. Me quedare dentro de ti para siempre. Pon tus piernas sobre mis hombros. Ummmm ¡estas tan mojada!
-Más fuerte, cielo, ¡más fuerte!
-Si mi amor ¿Me notas? Cada vez te penetro más y más adentro. Eres deliciosa. Tus manos agarran mis hombros clavándome las uñas a cada embestida. No paro de entrar y salir de ti. Estoy a punto cielo, no creo que pueda aguantar mucho más.
-Hagámoslo juntos. Ammmmm ¡ahora cariño, ahora!
Las piernas de Eva se cerraban atrapando con fuerza su mano hundida en su sexo. Temblaba y su cuerpo estaba empapado de sudor. Un gemido largo y apenas perceptible escapaba de su boca.
Al otro lado del cristal, Manuel se derramaba con un grito ahogado y caía rendido sobre su silla. Su semen resbalaba sobre sus manos y sus piernas dejando un rastro blancuzco.
-Cada día te deseo más-lograba musitar.
Volvían a unir sus labios unos minutos eternos, todavía excitados y con el deseo a flor de piel. Después sus imágenes desaparecían momentáneamente y volvían a encontrarse minutos mas tarde, más tranquilos y serenos. Hablaban largo rato, se contaban las cosas cotidianas, se besaban de tanto en tanto e imaginaban su encuentro en la vida real. Conocían la fecha, tenían el hotel, habían planificado cada una de las horas de los dos días que pensaban estar juntos. Ambos habían encontrado una coartada convincente que tranquilizaría a sus parejas y tan solo faltaba un mes para que su relación fuese auténtica. Sin embargo, en el fondo, los dos intuían que esto no sucedería jamás y que uno de los dos abandonaría la idea en el último momento pero era tan maravilloso pensar en ello.
Eva se iba a dormir con un sabor agridulce en sus labios, Manuel se había convertido en el centro de su vida, y tan solo la certeza de un nuevo encuentro al día siguiente le daban fuerzas para soportar su aburrida vida. Aunque a veces cuando recordaba fríamente esos encuentros se avergonzaba y se prometía a si misma que no volvería a masturbarse delante de él sabiendo de antemano que el deseo sería más fuerte que su voluntad.

Imagen de Sorgin

martes, 19 de agosto de 2008

Masturbador casero para hombres

Después de ver esto... ¿Quien desmiente ahora que los hombres solo piensan en el sexo?

viernes, 15 de agosto de 2008

Secretary

Ayer vi de nuevo una de esas películas que suelen pasar desapercibidas por no ser comerciales pero que si tienes la suerte de ver, te sorprenden. Os hablo de Secretary. La verdad es que cuando la vi por primera vez no tenía ni idea de que iba, es más, pensaba que era de terror. Así que ya imaginareis mi sorpresa al ver las primeras escenas.
Reconozco que me descolocó un poco ver a la protagonista Lee (Maggie Gyllenhaal)vestida y maquillada a la perfección realizando las tareas propias de una secretaria como recoger el correo o preparar café, con cabeza y manos aprisionados en un cepo medieval, y aparentemente tan cómoda como si fuera en zapatillas.
Ya habréis adivinado la temática de la película, las relaciones de dominación / sumisión. De todas maneras no os imaginéis escenas barrocas con cueros, máscaras y demás artilugios. El director (Steven Shainberg) es mucho más sutil y trata el tema con el cuidado y el respeto que se merece.

Secretary es un viaje iniciático de la protagonista en busca de su identidad. Lee es una chica a la que nadie hace mucho caso. Nacida en una familia superprotectora y conservadora recurre al dolor como terapia ante cualquier contratiempo que se le presente. Llega al extremo de llevar siempre consigo un bolso con objetos para autolesionarse y un botiquín para curarse. Cosa que ocurre a menudo debido a su baja autoestima.
Después de una estancia en un psiquiatrico por haberse excedido en uno de esos autocastigos decide buscar trabajo para evadirse de la atmósfera opresiva de su hogar y a pesar de su preparación entra a trabajar como simple secretaria a las órdenes de Edward (James Spader) sin saber que éste tras un fracaso matrimonial debido a al carácter dominador de su ex mujer canaliza su sentimiento de inferioridad en un trato dominador y despótico hacía las mujeres.

La peculiar relación que se estable entre ambos protagonistas hace que uno y otro consigan la estabilidad emocional de la que carecían. Tanto si os gusta el tema o no, os recomiendo que la veáis porque estoy segura que os sorprenderá.

Más información:

iSecretary

lunes, 28 de julio de 2008

Fotos, fotitos, fotillas...

Hoy me gustaría compartir algunas fotos interesantes que encontré por ahí:





Autor: LOPPIN






Autor: HELENABRAGA






Autor: LAVIEROSE






Autor: VINCENZO CAICO






Autor: MONICA2362






Autor: CICOSHARE



viernes, 25 de julio de 2008

Día Mundia del BDSM

Cuando me decían que existía un día para casi todo no acababa de creermelo pero vaya... parece que sí. Ayer, 24 de julio, era el Día Mundial del BDSM y bueno... se me ocurrió que un pequeño relato de dominación suave podía ser adecuado para conmemorarlo.
Espero que lo disfrutéis.


SOMETIENDO A LAURA

-Srta. López, la espero en mi despacho en diez minutos.
No estaba seguro si mi tono de voz había sido sufientemente serio. Me gustaría que a ella le haya quedado claro quien es el que manda aquí.
Dos leves toques anunciaron su presencia antes de que se abriera la puerta.
-Pase y quédese en pie frente a mí.
Me hizo gracia su cara de desconcierto pero me mantuve serio. Era una mujer de costumbres por lo que hoy también vestía vaqueros desgastados y camisa clara abrochada, como siempre, un botón por encima de lo que a mí me hubiera gustado. Llevaba el pelo recogido en una coleta que la hacía parecer más formal de lo seguramente era. No iba maquillada a excepción de los sempiternos labios rojos.
-Se preguntara por qué la he llamado.
-Sí -contestó sin apenas mirarme.
-Hace un año que esta con nosotros y tengo que decidir si pasa a formar parte de la plantilla de forma indefinida o si decido prescindir de sus servicios.
Esbozó un gesto de pánico y esta vez si me miró.
-Lo cierto es que no estoy contento con su trabajo, creo que usted podría dar mucho más.
-Pe...ro- balbuceó.
-Déjeme hablar. Es usted muy maleducada.
Bajó la vista mordiéndose el labio inferior. Su cuerpo pareció empequeñecerse. Su aspecto desvalido la hacía irresistible.
-Quiero darle una oportunidad aunque dudo que usted pueda comprometerse y asumir las nuevas tareas que se le impongan.
-Por supuesto que sí- exclamó esperanzada.
-Mal empezamos si no es usted capaz de mantener esa preciosa boquita callada.- No pareció darse cuenta del cambio de tono o tal vez prefirió ignorarlo. Veríamos hasta donde llegaría.- Le conviene un cambio de departamento y como no me fío de usted. Si se queda, pasará a ser mi asistente personal, y trabajará junto a mí en este despacho.
Me miraba sorprendida sin atreverse a hablar. Jugueteaba con los dedos nerviosa.
-¿No va a decir nada?- le pregunté aturdiéndola.
-No sabía si podía...- Otra vez esa cara de desamparo. ¡Estaba disfrutando como nunca! -¿Qué tipo de tareas deberé realizar exactamente?- preguntó por fin.
Había llegado el momento de poner las cartas sobre la mesa y ver si mi impresión sobre ella era falsa o no.
-Deberá cumplir todas y cada una de mis órdenes por extrañas que parezcan y sin cuestionarlas, por supuesto.- Ya estaba dicho y ella no reaccionaba.- Si acepta, aquí tiene la documentación que tiene que firmar. Si no, ya puede irse a casa. En unos días le llamarán para que recoja la liquidación.
-De acuerdo- dijo con gesto adusto. -Me quedo con usted.
Mmmmm, la cosa se ponía interesante. Posiblemente no había errado con ella.
-Muy bien. Srta. López sepa usted que ha tomado una decisión importante por lo que, antes de firmar nada, creo que es conveniente que realice usted una prueba que me demuestre que está a la altura del puesto que va a desempeñar.- De nuevo el miedo en sus ojos. -Haga el favor de quitarse esa ropa de oficinista. No le queda nada bien.
Su indecisión era total y las manifestaciones de su cara impagables: estupor, rabia, miedo, rechazo... ¿Se quedaría? Finalmente bajo la vista y empezó a desabrocharse la camisa. ¡Lo sabía! pensé para mi.
Su blanca piel se iba descubriendo poco a poco. No sé si su lentitud era producto de la vergüenza o lo hacía a conciencia para provocarme más. Porque si de algo estaba seguro ahora, es que bajo ese aspecto de niña buena se ocultaba una zorrita en potencia.
No tenía demasiado pecho pero el wonderbra que usaba le marcaba un canalillo muy seductor. Dudó un poco con el vaquero pero por fin me dejó ver sus piernas y el pequeño tanga transparente que cubría su sexo. Una prenda nada discreta, por cierto.
Decidí ponerla un poco más nerviosa y levantándome me dirigí hacía ella mirándola con descaro. Recogí la ropa que había caído al suelo, la puse sobre una silla y me coloqué a su espalda, casi rozándola.
-No me gusta la gente desordenada. Ya sabe lo que tiene que hacer con el resto de la ropa que aún no se ha quitado.
Dio un respingo y volvió a vacilar. ¡Le hubiera arrancado yo mismo ese sujetador! Volví a mi mesa completamente seguro de que ella iba a seguir cumpliendo mis mandatos. Me quedé de pie, apoyado en el tablero frente a ella. Apenas nos separaban dos metros.
-No creo que esto sea necesario- murmuró.
-Si no desea continuar vístase y váyase a casa. No me equivocaba con usted al pensar que es incapaz de cumplir lo que se lo ordena.
Con gesto vencido se quitó por fin el sujetador y el tanga, los colocó sobre el resto de la ropa y se quedó inmóvil tapándose con las manos su vientre.
-Aparte las manos de ahí, quiero verla bien.
Con la cara enrojecida y una mirada de furia lo hizo sin protestar. Estaba bellísima. Sus senos pequeños pero erguidos parecían desafiarme y para mi sorpresa llevaba el pubis totalmente depilado.
-Dese la vuelta.
La visión de su culo disparó mi excitación. Demasiado grande según los cánones, perfecto ségún mi criterio bastante alejado de las modas actuales.
-Abra las piernas e inclínese hacía delante. Así no la puedo ver bien.
Me hubiera gustado tener un espejo frente a ella para ver su rostro. No creo que le hiciera mucha gracia exponerse de aquella forma tan impúdica. Sus nalgas prominentes no lograban ocultar del todo un pequeño anillo rosado y prieto circundado por miles de arruguitas pero los presumiblemente suaves labios de su sexo se habían separado lo sufiente como para permitirme ver con claridad un pequeño botoncito de carne roja un poco más allá del inicio oscuro y tentador de su vagina.
Me aproximé a ella y sin preámbulos hundí uno de mis dedos. ¡Estaba mojada! Lo saqué empapado y rocé su clítoris antes de volverlo a meter en aquella deliciosa sima.
-Tantos escrúpulos y resulta que es usted una zorra- le dije siguiendo la secuencia iniciada de meter-sacar-rozar-meter. Ella gemía levemente incapaz de controlar su cuerpo. Recibía las vibraciones de su sexo a través de mis dedos. ¡Estaba cachonda perdida! Movía la cadera adelante y atrás. Primero acompañaba mis dedos, en aquel momento ya eran tres los que la penetraban, después perdió el control. ¡No era yo quien la masturbaba era ella quien se estaba follando a si misma con mis dedos! Se corrió entre gritos sofocados ¡Menudo espectáculo! Saqué como pude los dedos aprisionados y volví a mi posición anterior delante de la mesa. Toda su piel estaba cubierta por una fina película de sudor. De su sexo brillante se deslizaban hacía los muslos hilillos de un flujo blanquecino y apetecible que por esta vez no iba a probar. Ya habría tiempo.
No quise darle un respiro.
-Póngase a cuatro patas y venga hacía mí- ordené con voz ronca mientras me desabrochaba los pantalones y liberaba mi polla de su encierro. -Imagino que una zorra como usted no necesita más instrucciones- le dije acariciándome frente a su cara.
Sus labios aprisionaron mi sexo y casi me voy a la primera succión. Dominándome, la así por la coleta y empecé a follarme su boca sin importarme las muecas desesperadas que hacía por coger aire ni las lágrimas que escapaban de sus ojos. Tenía una boca pequeña y deliciosa que mi sexo llenaba por completo. ¡Que gustazo correrse en ella! Pero no, hoy me apetecía más romperle ese culo que pedía a gritos ser penetrado. Así que con un autocontrol que ni yo mismo sabía que tenía, me aparté de su cara, la levanté y la tumbé de espaldas sobre mi mesa.
Empezó a resistirse cuando se dio cuenta de lo que yo pretendía hacer pero la tenía firmemente sujeta.
-No, por ahí no- gritó al sentir la presión de mi polla en su cerrado anillo.
Seguí apretando sin hacerle caso. Ella se agitaba pero ya mi glande había vencido la resistencia de su carne. Con un empujón logré meterla toda. Ignorando sus gritos continué moviéndome dentro de aquel canal estrecho que enfundaba mi sexo. Salía y entraba sin detenerme. Sus gritos se iban transformando en gemidos. ¡Le estaba gustando! Elevaba la cadera cada vez que la envestía y su trasero palpitaba de una forma...mmmmm ¡Era como si me ordeñara!
-No te pares- gemía. Y yo... no podía más pero seguía. Sus piernas temblaron mientras se corría entre jadeos. ¡A la mierda el autocontrol! pensé mientras llenaba aquel glorioso culo con lo que a mi me parecieron litros de esperma y me dejaba caer sobre ella.
Salí despacio de su interior besándole la espalda. La cogí en brazos, la tumbé en el sofá y la cubrí de besos y caricias. Ella se dejaba mimar con los ojos entrecerrados y una sonrisa preciosa iluminaba su cara.
-Te quiero- le dije abrazándola.- Gracias por este maravilloso regalo.
-¡Qué menos! No todas las parejas duran diez años juntos. Por cierto... ¿Sigo conservando el empleo?- dijo entre carcajadas mientras yo la estrechaba entre mis brazos.
Nos vestimos y dejamos el despacho tal y como lo habíamos encontrado. Pensé en la cara que pondría mi jefe si supiera lo que había pasado sobre su mesa. Alguna ventaja tenia el hecho de tener las llaves de la oficina. Claro que... Cuando Laura me lo propuso no lo tenía muy claro. ¡Solo faltaba que a alguien le diera por hacer horas extra un sábado por la noche! Pero esta mujercita mía es muy persuasiva y... ¿A quien no se le ha pasado nunca por la cabeza hacer realidad sus fantasías?

lunes, 17 de marzo de 2008

Esos maravillosos corsés

Hoy os traigo unos nuevos modelitos que dejaran con la boca abierta a más de uno siempre que dejéis que os lo vean, jajaja.
El corsé ha sido el símbolo de seducción por excelencia. Con los años y la liberalización de la mujer esta prenda se fue transformando hasta llegar a los modernos sujetadores actuales. Sin embargo, no hay nada que haga sentir a una mujer más atractiva que un corsé.
Este año estamos de enhorabuena, se vuelven a llevar los corsés. Sensuales, eróticos y en materiales cómodos que te permiten libertad de movimientos y hacen que te sientas como una diva de Hollywood al llevarlos. No te prives del placer de vestirte con una prenda única que no debería faltarnos nunca en nuestro vestuario.
Como siempre en tallas grandes porque las que tenemos kilitos de más tambien tenemos derecho a vernos guapas. Y si no es tu caso, visita la web: LENCERÍA CACHONDA, encontrarás modelos en todas las tallas.

Conjunto de dos piezas en media opaca consistente en una camiseta con ligueros y medias a juego

Es una talla grande única y lo tienes en negro y rosa.

Preciso corsé reversible en rosa y negro elaborado en tejido brocado con contrastes y pequeñas cintas.Varillas laterales de sujeción, tirantes y portaligas desmontables.

Incluye tanga y medias y esta disponible en las tallas:105, 110 y 115.

Otro maravillo corsé reversible también, por un lado rojo pasión satinado, por el otro tejido satinado leopardo con remates en rojo pasión.Lazada delantera y lazada trasera para ceñir y con portaligas desmontables.

Incluye tanguita y medias y lo tienes en las tallas: 105, 110 y 115

No nos puede faltar un corsé en satén negro. Este, con barillas laterales de sujeción,portaligas desmontables, corchetes delanteros y lazada trasera es ideal.Incluye cinturón de imitación serpiente, tanga y medias.

Disponible en tallas 105, 110 y 115





Imaginaos lo sexys que podéis estar con cuatro trapillos ;)
Pronto más y si estáis impacientes o tenéis otras tallas podéis pinchar aquí:

miércoles, 27 de febrero de 2008

Instintos

Un destello de luz ilumina mi mente y paso de ser la protagonista de la escena a ser una mera espectadora, y me veo ahí, sentada en el water, medio desnuda, chupándote la polla y masturbándome mientras me magreas las tetas.
"¿Qué estoy haciendo aquí"- me pregunto instantes antes de que empieces a tironear suavemente de mis pezones haciendo que desaparezca el instante de lucidez. Un zigzagueo de placer me recorre de arriba abajo, de abajo a arriba.
Entreabro los ojos y tu cara es pura mueca. Me excita verte así e incremento la presión de mis labios en la base de tu sexo. Se te escapa un gemido.
"Te juro que va a ser la mejor mamada de tu vida"- pienso y me concentro en besar, lamer y chupar tu polla como si fuera la cosa más importante del mundo sin dejar de acariciarme el clítoris cada vez más hinchado y sensible.
El ruido de la puerta del lavabo abriéndose y cerrándose, toses, voces, el agua corriendo por el lavamanos llega hasta a mi amortiguada, como para recordarme donde estoy. Mi mente los descarta y se recrea en el sonido de mi boca succionándote, tus jadeos ahogados, mis gritos silenciados.
Me invade tu olor, el olor de tu sexo pegado a mi nariz. Empiezo a temblar cuando cojes mi cabeza y empiezas a follarme la boca con un ritmo frenético sin dejar de pellizcarme los pezones. Noto ese sabor salado que anuncia que ya no puedes más y me dejo llevar. El goze es indescriptible e intento alargarlo presionando con fuerza con el índice en ese punto exacto que me hace perder la razón.
Con un rugido ahogado te derramas en mi boca. Nos miramos con deseo y te separas de mi. Me abrazas y besas con ansia, tu lengua busca la mía y ambas se pierden en una mezcla explosiva de saliva y semen.
Me aprietas contra ti sin dejar de besarme, lamiendo el líquido viscoso que se escurre por mi barbilla, mordiéndome los labios. Tu sexo se endurece contra mi vientre. Te deseo.
Separarse resulta casi doloroso pero me apartas con suavidad, me giras de espaldas a ti y me inclinas dejando mi cabeza pegada a la tapa del water. Es curioso como en un momento así soy capaz de fijarme en cosas tan absurdas como la suciedad del suelo o las juntas ennegrecidas del alicatado de la pared.
No logro silenciar un gemido cuando me penetras. Afuera se oyen unas risas y pasos apresurados hacía la puerta. Me follas con fuerza sujetándome firmemente por las caderas. Hace mucho calor, estamos empapados. Me agarro con fuerza a la taza del inodoro para no caerme, cada vez empujas más fuerte como adivinando que quiero más, que lo quiero todo. Me derrito y me muerdo los labios para no gritar. El mundo desaparece. Todo es placer. Con un gemido caes sobre mi. Palpitas, palpito y permanecemos así hasta acompasar la respiración.
El momento paso, la realidad se impone y me besas suavemente antes de decirme que tienes que irte.
Nos limpiamos como podemos, nos vestimos y sales tu primero para comprobar que no hay nadie fuera. Atravieso corriendo el lavabo de hombres y entro en el de mujeres para retocarme un poco. Quizás un poco de pintalabios y perfume logre alejar de mi esa sensación de suciedad que empieza a invadirme. Recuerdo tu cara cuando te corrías y un hormigueo agradable se instala en mi vientre.
Me acompañas al metro.
-Espero verte pronto- dices dándome un beso en la mejilla.
-Yo también- contesto a media voz mientras empiezo a bajar la escalera, deseando dar la vuelta y que me folles otra vez.