/*Codigo para emoticonos*/
Mostrando entradas con la etiqueta Relatos Dominación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Relatos Dominación. Mostrar todas las entradas

viernes, 25 de julio de 2008

Día Mundia del BDSM

Cuando me decían que existía un día para casi todo no acababa de creermelo pero vaya... parece que sí. Ayer, 24 de julio, era el Día Mundial del BDSM y bueno... se me ocurrió que un pequeño relato de dominación suave podía ser adecuado para conmemorarlo.
Espero que lo disfrutéis.


SOMETIENDO A LAURA

-Srta. López, la espero en mi despacho en diez minutos.
No estaba seguro si mi tono de voz había sido sufientemente serio. Me gustaría que a ella le haya quedado claro quien es el que manda aquí.
Dos leves toques anunciaron su presencia antes de que se abriera la puerta.
-Pase y quédese en pie frente a mí.
Me hizo gracia su cara de desconcierto pero me mantuve serio. Era una mujer de costumbres por lo que hoy también vestía vaqueros desgastados y camisa clara abrochada, como siempre, un botón por encima de lo que a mí me hubiera gustado. Llevaba el pelo recogido en una coleta que la hacía parecer más formal de lo seguramente era. No iba maquillada a excepción de los sempiternos labios rojos.
-Se preguntara por qué la he llamado.
-Sí -contestó sin apenas mirarme.
-Hace un año que esta con nosotros y tengo que decidir si pasa a formar parte de la plantilla de forma indefinida o si decido prescindir de sus servicios.
Esbozó un gesto de pánico y esta vez si me miró.
-Lo cierto es que no estoy contento con su trabajo, creo que usted podría dar mucho más.
-Pe...ro- balbuceó.
-Déjeme hablar. Es usted muy maleducada.
Bajó la vista mordiéndose el labio inferior. Su cuerpo pareció empequeñecerse. Su aspecto desvalido la hacía irresistible.
-Quiero darle una oportunidad aunque dudo que usted pueda comprometerse y asumir las nuevas tareas que se le impongan.
-Por supuesto que sí- exclamó esperanzada.
-Mal empezamos si no es usted capaz de mantener esa preciosa boquita callada.- No pareció darse cuenta del cambio de tono o tal vez prefirió ignorarlo. Veríamos hasta donde llegaría.- Le conviene un cambio de departamento y como no me fío de usted. Si se queda, pasará a ser mi asistente personal, y trabajará junto a mí en este despacho.
Me miraba sorprendida sin atreverse a hablar. Jugueteaba con los dedos nerviosa.
-¿No va a decir nada?- le pregunté aturdiéndola.
-No sabía si podía...- Otra vez esa cara de desamparo. ¡Estaba disfrutando como nunca! -¿Qué tipo de tareas deberé realizar exactamente?- preguntó por fin.
Había llegado el momento de poner las cartas sobre la mesa y ver si mi impresión sobre ella era falsa o no.
-Deberá cumplir todas y cada una de mis órdenes por extrañas que parezcan y sin cuestionarlas, por supuesto.- Ya estaba dicho y ella no reaccionaba.- Si acepta, aquí tiene la documentación que tiene que firmar. Si no, ya puede irse a casa. En unos días le llamarán para que recoja la liquidación.
-De acuerdo- dijo con gesto adusto. -Me quedo con usted.
Mmmmm, la cosa se ponía interesante. Posiblemente no había errado con ella.
-Muy bien. Srta. López sepa usted que ha tomado una decisión importante por lo que, antes de firmar nada, creo que es conveniente que realice usted una prueba que me demuestre que está a la altura del puesto que va a desempeñar.- De nuevo el miedo en sus ojos. -Haga el favor de quitarse esa ropa de oficinista. No le queda nada bien.
Su indecisión era total y las manifestaciones de su cara impagables: estupor, rabia, miedo, rechazo... ¿Se quedaría? Finalmente bajo la vista y empezó a desabrocharse la camisa. ¡Lo sabía! pensé para mi.
Su blanca piel se iba descubriendo poco a poco. No sé si su lentitud era producto de la vergüenza o lo hacía a conciencia para provocarme más. Porque si de algo estaba seguro ahora, es que bajo ese aspecto de niña buena se ocultaba una zorrita en potencia.
No tenía demasiado pecho pero el wonderbra que usaba le marcaba un canalillo muy seductor. Dudó un poco con el vaquero pero por fin me dejó ver sus piernas y el pequeño tanga transparente que cubría su sexo. Una prenda nada discreta, por cierto.
Decidí ponerla un poco más nerviosa y levantándome me dirigí hacía ella mirándola con descaro. Recogí la ropa que había caído al suelo, la puse sobre una silla y me coloqué a su espalda, casi rozándola.
-No me gusta la gente desordenada. Ya sabe lo que tiene que hacer con el resto de la ropa que aún no se ha quitado.
Dio un respingo y volvió a vacilar. ¡Le hubiera arrancado yo mismo ese sujetador! Volví a mi mesa completamente seguro de que ella iba a seguir cumpliendo mis mandatos. Me quedé de pie, apoyado en el tablero frente a ella. Apenas nos separaban dos metros.
-No creo que esto sea necesario- murmuró.
-Si no desea continuar vístase y váyase a casa. No me equivocaba con usted al pensar que es incapaz de cumplir lo que se lo ordena.
Con gesto vencido se quitó por fin el sujetador y el tanga, los colocó sobre el resto de la ropa y se quedó inmóvil tapándose con las manos su vientre.
-Aparte las manos de ahí, quiero verla bien.
Con la cara enrojecida y una mirada de furia lo hizo sin protestar. Estaba bellísima. Sus senos pequeños pero erguidos parecían desafiarme y para mi sorpresa llevaba el pubis totalmente depilado.
-Dese la vuelta.
La visión de su culo disparó mi excitación. Demasiado grande según los cánones, perfecto ségún mi criterio bastante alejado de las modas actuales.
-Abra las piernas e inclínese hacía delante. Así no la puedo ver bien.
Me hubiera gustado tener un espejo frente a ella para ver su rostro. No creo que le hiciera mucha gracia exponerse de aquella forma tan impúdica. Sus nalgas prominentes no lograban ocultar del todo un pequeño anillo rosado y prieto circundado por miles de arruguitas pero los presumiblemente suaves labios de su sexo se habían separado lo sufiente como para permitirme ver con claridad un pequeño botoncito de carne roja un poco más allá del inicio oscuro y tentador de su vagina.
Me aproximé a ella y sin preámbulos hundí uno de mis dedos. ¡Estaba mojada! Lo saqué empapado y rocé su clítoris antes de volverlo a meter en aquella deliciosa sima.
-Tantos escrúpulos y resulta que es usted una zorra- le dije siguiendo la secuencia iniciada de meter-sacar-rozar-meter. Ella gemía levemente incapaz de controlar su cuerpo. Recibía las vibraciones de su sexo a través de mis dedos. ¡Estaba cachonda perdida! Movía la cadera adelante y atrás. Primero acompañaba mis dedos, en aquel momento ya eran tres los que la penetraban, después perdió el control. ¡No era yo quien la masturbaba era ella quien se estaba follando a si misma con mis dedos! Se corrió entre gritos sofocados ¡Menudo espectáculo! Saqué como pude los dedos aprisionados y volví a mi posición anterior delante de la mesa. Toda su piel estaba cubierta por una fina película de sudor. De su sexo brillante se deslizaban hacía los muslos hilillos de un flujo blanquecino y apetecible que por esta vez no iba a probar. Ya habría tiempo.
No quise darle un respiro.
-Póngase a cuatro patas y venga hacía mí- ordené con voz ronca mientras me desabrochaba los pantalones y liberaba mi polla de su encierro. -Imagino que una zorra como usted no necesita más instrucciones- le dije acariciándome frente a su cara.
Sus labios aprisionaron mi sexo y casi me voy a la primera succión. Dominándome, la así por la coleta y empecé a follarme su boca sin importarme las muecas desesperadas que hacía por coger aire ni las lágrimas que escapaban de sus ojos. Tenía una boca pequeña y deliciosa que mi sexo llenaba por completo. ¡Que gustazo correrse en ella! Pero no, hoy me apetecía más romperle ese culo que pedía a gritos ser penetrado. Así que con un autocontrol que ni yo mismo sabía que tenía, me aparté de su cara, la levanté y la tumbé de espaldas sobre mi mesa.
Empezó a resistirse cuando se dio cuenta de lo que yo pretendía hacer pero la tenía firmemente sujeta.
-No, por ahí no- gritó al sentir la presión de mi polla en su cerrado anillo.
Seguí apretando sin hacerle caso. Ella se agitaba pero ya mi glande había vencido la resistencia de su carne. Con un empujón logré meterla toda. Ignorando sus gritos continué moviéndome dentro de aquel canal estrecho que enfundaba mi sexo. Salía y entraba sin detenerme. Sus gritos se iban transformando en gemidos. ¡Le estaba gustando! Elevaba la cadera cada vez que la envestía y su trasero palpitaba de una forma...mmmmm ¡Era como si me ordeñara!
-No te pares- gemía. Y yo... no podía más pero seguía. Sus piernas temblaron mientras se corría entre jadeos. ¡A la mierda el autocontrol! pensé mientras llenaba aquel glorioso culo con lo que a mi me parecieron litros de esperma y me dejaba caer sobre ella.
Salí despacio de su interior besándole la espalda. La cogí en brazos, la tumbé en el sofá y la cubrí de besos y caricias. Ella se dejaba mimar con los ojos entrecerrados y una sonrisa preciosa iluminaba su cara.
-Te quiero- le dije abrazándola.- Gracias por este maravilloso regalo.
-¡Qué menos! No todas las parejas duran diez años juntos. Por cierto... ¿Sigo conservando el empleo?- dijo entre carcajadas mientras yo la estrechaba entre mis brazos.
Nos vestimos y dejamos el despacho tal y como lo habíamos encontrado. Pensé en la cara que pondría mi jefe si supiera lo que había pasado sobre su mesa. Alguna ventaja tenia el hecho de tener las llaves de la oficina. Claro que... Cuando Laura me lo propuso no lo tenía muy claro. ¡Solo faltaba que a alguien le diera por hacer horas extra un sábado por la noche! Pero esta mujercita mía es muy persuasiva y... ¿A quien no se le ha pasado nunca por la cabeza hacer realidad sus fantasías?

miércoles, 12 de diciembre de 2007

Carta de un desconocido

La primera carta apareció hace una semana sobre el felpudo, a las ocho de la mañana, cuando me iba a trabajar. No sé porque no la tire a la basura sin abrir. No tenía remite, ni sello, tan sólo mi nombre escrito con rotulador rojo.
Pensé que sería una carta de aquellas de la peseta que años atrás aparecían día si día no. Prometían buena suerte a quien reenviara la carta a un montón de gente y auguraban las peores desgracias para quien rompiera la cadena. ¡Anda que no me daban rabia ni nada! ¡Y la de desgracias que me han de caer! porque yo siempre las rompía.

Palpando el sobre no se notaba que hubiera moneda alguna, claro que el equivalente a la peseta en euros es tan pequeño que igual no se puede detectar.
Finalmente me decidí y abrí el sobre. La curiosidad mató al gato dicen por ahí y en mi caso creo que es cierto. Mi corazón se puso a mil cuando leí la nota que había dentro: "Me gustas más con los labios rojos".
Inconscientemente miré a mi alrededor antes de volver a entrar en casa asustada, pero no había nadie, claro. ¿De quien sería la nota? Repasé mentalmente la lista de vecinos y no encontré a nadie que encajará en el tipo admirador secreto - psicópata peligroso.
El portal siempre estaba abierto, podía ser cualquiera incluso... ¡Qué tonta! Seguro que era una broma de Marta. ¡Cómo no lo había pensado antes! Justo ayer hablábamos de eso y hoy, la carta...
Y entonces cometí mi primer error. Entré al baño y me pinté los labios con el rojo más escandaloso que encontré y me fui para la oficina riéndome por el camino al pensar en la cara que pondría Marta pero no fue así. La cara que cambio fue la mía, cuando ella juró y rejuró que lo de la nota no era cosa suya. Me costó concentrarme en el trabajo. Toda la mañana le estuve dando vueltas al tema y llegaron las dos. Comer con las chicas me ayudó a despejarme. Lo mejor era no darle importancia como decían ellas. Así que tiré la carta, me olvidé del asunto y me concentré en los informes atrasados. Las siete llegaron sin darme cuenta y volví a casa.
Me entró la taquicardia en cuando lo vi. Sobre la alfombra destacaba el blanco del papel con las letras rojas de mi nombre. El miedo reapareció.
Debí romperlo, lo sé, pero no lo hice. Rasgué el papel y leí nerviosa la nota: "Hoy estabas preciosa pero estoy deseando verte con ese nuevo camisón que compraste el otro día".
Tuve que releerlo varias veces antes de poder asimilar lo que estaba escrito. ¡Alguien me estaba espiando! ¿Cómo si no iba a saber lo del camisón? Un nudo atenazaba mi estómago, la mano me pesaba toneladas cuando intenté meter la llave en la cerradura, estaba como paralizada. El teléfono me devolvió a la realidad. Sonaba insistentemente al otro lado de la puerta. Conseguí abrir y corrí a la habitación.
-¿Diga?
-No tengas miedo, jamás te haría daño. ¿Vas a ponerte ese camisón para mi?
El teléfono cayó de mis manos. La persiana estaba levantada y corrí a cerrarla segura de que miles de ojos me estaban mirando. ¡Sabía mi teléfono! Me encerré en el baño aterrorizada. Respiré hondo intentando tranquilizarme. Debía denunciarlo, pero deseché la idea. ¡Qué iba
a decirles! No sospechaba de nadie y todos sabemos como son estas cosas. Horas en comisaria para nada. Poco a poco logré calmarme. Decidí llamar al día siguiente a la compañía para cambiar mi número de teléfono.
En la ducha, el agua caliente empezó a relajarme. Estaba extrañamente excitada. ¿Sería posible que me pusiera el hecho de que alguien me acosara? Claro que... la voz del estreno era tan varonil. Me enjaboné despacio notando como mi cuerpo reaccionaba. Mi mente era un batiburrillo de pensamientos contradictorios: "¿Qué diría si me pudiera ver así, desnuda?", "¡Pero que estas diciendo, es un psicópata!", "¿Cómo serán sus manos?", "Debes denunciarlo", "Me gustaría que fueran grandes y me inmovilizara para poder aprovecharse de mi", "Estas loca, ¿Cómo puedes fantasear con eso?".
El agua resbalaba por mi cuerpo, el placer me invadía. Hacía rato que la fantasía había vencido a la razón y un desconocido me follaba salvajamente inclinada sobre el lavabo y me gustaba, y le pedía más. Me mordí los labios para no gritar, apreté los muslos aprisionando mi mano. El baño desapareció. Él se corría gritando. Yo me corría llorando.
Acabe de ducharme, me vestí y me preparé una sopa para cenar. Estaba en ello cuando sonó el timbre. ¿Quien podía ser a estas horas? Era la vecina de al lado.
-Este paquete estaba encima de los buzones. Vi que ponía tu nombre y lo he subido para que no te lo quiten. ¡Que hay gente para todo!
-Gracias- murmure cogiéndolo. En letras rojas se leía mi nombre.
-De nada, buenas noches.
Con el corazón acelerado, rompí el papel que envolvía la caja y la abrí. Dentro, una nota, una rosa roja y una cuerda. "Gracias por ponerte el camisón para mi. Estas bellísima. Has tardado mucho en salir del baño... ¿Fue placentero? Siempre te imagine durmiendo desnuda con las manos atadas".
En ese momento me di cuenta de que, de forma inconsciente, me había puesto el camisón nuevo. No había duda, alguien me espiaba. Sorprendentemente estaba mas excitada que asustada. Acaricie la cuerda. ¡Atarme! Nunca se me había ocurrido algo así y por supuesto no iba a seguirle el juego. Reconozco que imaginarme en esa situación me puso caliente. Y en ese momento cometí mi segundo error.
Coloqué la rosa en un jarrón, cogí la cuerda y me dirigí a la habitación. Una vez desnuda, rodee mis muñecas con la cuerda. Era aspera, me rozaba la piel pero me gustaba. Me hubiera masturbado otra vez pero con las manos atadas era muy difícil así que poco a poco me tranquilice y conseguí dormir.
El timbre del teléfono me despertó. Eran casi las ocho y media de la mañana. ¡El despertador no había sonado! Todavía con las manos atadas cogí el auricular pensando en una excusa convincente para Marta.
-No te preocupes por el trabajo. He llamado para decirles que no te sientes bien y que hoy no vas a ir. - me dijo esa voz varonil que empezaba a ser familiar.
-Pero... ¿Qué has hecho qué?- casi grité.
-No te desates, ni te vistas. En la puerta tienes algo para ti. Úsalo frente a la ventana del comedor.
La situación era irreal. Un desconocido acosándome y yo obedeciendo sus ordenes. Mi mente decía no mientras me dirigía a la puerta. ¿Y si me veían los vecinos desnuda? Abrí y cogí la caja que había sobre el felpudo. Cerré rápidamente y cometí mi tercer error: dejarme llevar.
Acerque una silla a la ventana, rasgue el envoltorio y saque un vibrador de tamaño mediano. Lo miré incrédula mientras notaba como mi sexo se mojaba. La situación me excitaba. No se veía a nadie en las ventanas del edificio de enfrente. Me senté y empecé a acariciar mi clítoris con el objeto notando como se endurecía y los flujos mojaban el aparato. Poco a poco lo introduje en mi sexo. ¿Me estaría mirando? Abrí completamente las piernas mientras metía y sacaba el juguete. Me estaba exhibiendo descaradamente y eso me ponía más. Mi cuerpo se tenso y no pude evitar gritar cuando el orgasmo más intenso de mi vida anulo todos mis sentidos. El vibrador cayó al suelo y a mi me falto poco para no caerme de la silla. Me quedé así, desmadejada, con los ojos cerrados hasta que sonó de nuevo el teléfono.
-No me equivoque contigo, eres toda una zorrita.- No supe que contestar. El placer se transformaba en vergüenza.
-No dices nada... pero sigues mostrándome tu sexo por lo que no creo haberme equivocado contigo. - Cerré las piernas de golpe. El corazón me latía cada vez más rápido.
-Vaya... ¿No te gusta que te mire? Yo creo que si. Voy a hacerte una propuesta. La aceptes o no, será la última vez que te moleste. Puedes estar segura que no voy a espiarte, ni acosarte más decidas lo que decidas.
-Voy a denunciarte- logré decir.
-Esta bien, haz lo que quieras pero escuchame primero: Cuando cuelgue, te desataras las manos y así, tal y como estas, abrirás la puerta de tu casa. Quiero que te vendes los ojos con ese pañuelo negro que sueles usar y me esperes arrodillada frente al sofá, con la cabeza apoyada en el asiento y las piernas bien separadas de modo que cuando entre a la sala lo primero que vea sea tu sexo mojado. Si cuando llegue tu puerta esta cerrada, entenderé que me he equivocado y nunca mas sabrás de mi. Si, por el contrario, has hecho lo que te pido. Te follare como nunca lo han hecho antes. Te correrás hasta que no puedas más y me supliques que pare. Eso si, a partir de ese momento, seras mía. Estarás dispuesta a hacer lo que te pida en cualquier momento sin cuestionarlo. Seras la zorra que siempre has querido ser y disfrutaras con ello.
El tut-tut del teléfono logro sacarme del trance y por fin me levante de la silla. Como una autómata me desate las manos, frote las muñecas entumecidas y me dirigí a la puerta y cometí mi último y definitivo error: la abrí dejándola entreabierta.
Oí sus pasos antes de que entrara, todo mi cuerpo se extremeció. Mi sexo volvía a estar empapado y notaba pinchacitos en el clítoris ansioso de nuevas caricias. El suelo estaba frío pero mis sentidos se concentraban en los pasos que se acercaban a mi. Un gemido escapo de mi boca cuando hundió sus dedos en mi sexo. Durante horas no se oyó otra cosa que gemidos, jadeos y gritos. Me gozo de todas las maneras posibles y mi cuerpo agotado le seguía pidiendo mas. Su lengua recorrió mi piel, sus manos me acariciaron, me agarraron con fuerza, me azotaron, me beso, me chupo, me mordió, penetro cada uno de mis agujeros ansiosos por tenerle y se vació sobre mi, como marcando su mercancía. Me poseyó, me sometí.
La primera carta apareció hace una semana y hoy solo vivo para él. Marta me mira desde su mesa. -Estas muy cambiada, ya me contaras que te ha pasado-me ha dicho esta mañana guiñándome un ojo. ¿Como explicarle que soy feliz cumpliendo los caprichos de un hombre del cual no se ni tan siquiera su nombre? ¿Cómo decirle que en este mismo momento solo pienso en llegar a casa y dejarme follar a su antojo? ¿Cómo me trataría si supiera que salgo de casa todos los días sin ropa interior y con un huevo vibrador en la vagina que me mantiene excitada continuamente?
Faltan dos horas para las siete. Hoy, él me esperará en la puerta. Quiere follarme en los lavabos de la empresa para que recuerde en todo momento la puta que soy. No sé como me lo voy a montar para colarlo en el edificio sin que nadie lo sepa. Estoy muy excitada, la vibración del aparatito hundido en mi sexo se hace insoportablemente placentera y hago esfuerzos para no correrme aunque solo pienso en eso. Intento concentrarme en la pantalla del ordenador. ¡Faltan dos horas para las siete!

domingo, 24 de junio de 2007

Jugando

- Lo estas haciendo muy bien preciosa, así inclínate un poco más. Quiero ver esas braguitas tan lindas. Ummmmm, me encanta.

Me excita exhibirme para ti, ver como tu cara, habitualmente tan seria, se transforma. Te brillan los ojos, se humedecen tus labios, se entreabre la boca y sonríes de forma tan lasciva que solo con verte todos los poros de mi piel se abren y empiezo a destilar ese perfume tan particular que sé que te pone a cien.

- Súbete un poco más la falda... ¡Dios, que culo tienes!

Si supieras como me pone tu voz no serías tan tacaño con lo que me dices. Sí, sé lo mucho que te cuesta decir según que cosas pero tampoco fue fácil para mí hacer posturitas ante ti dejando a un lado el pudor y los complejos. Necesito que te desinhibas, que me pierdas el respeto, que me digas lo que estoy deseando oír, esa palabra que hará que me vuelva loca y solo desee ser tuya y que hagas conmigo lo que quieras.

-Siéntate, abre bien las piernas, tócate por encima de las bragas. ¿Estas caliente, verdad?

¡Cómo no voy a estar caliente! Si en lo único que puedo pensar es en tu polla. Ves... no cuesta tanto ser soez. Claro que... pensar que estoy caliente como una perra y que quiero que me folles como a una puta, no es lo mismo que decírtelo. Solo de pensarlo me he ruborizado, lo noto. Me quema la cara ¡Si fuera sólo la cara!
El algodón de la braga se pega a mi piel, estoy empapada. Cada caricia es más intensa que la anterior, mis dedos presionan sobre la tela intentando abrir los labios de mi sexo para rozar aunque sea mínimamente el clitoris. Lo único que consigo es hundir la tela y el roce es a medias doloroso, a medias placentero.

-Quieta, las manos sobre el reposabrazos.

Tus ojos fijos sobre mi sexo mirando los labios remarcados por la tela húmeda de las bragas, de esta forma quedan aún más expuestos que si estuviera desnuda. Mi sexo palpita, la sensación es tan intensa que creo que hasta tu lo puedes ver.

-Desabróchate la camisa. Así, apártala un poco. Te van a reventar los pezones... Bájate el sujetador. Quiero verlos sin tela de por medio. Pellízcalos.

Te lo estás tomando con calma y yo estoy al borde del orgasmo. Déjame que me masturbe para ti. Necesito que veas lo cachonda que me pones y que sepas que soy capaz de todo por ti.

- No te muevas. Cierra los ojos y no los abras hasta que yo te diga.

Ummmm, eso de no ver me pone un poco nerviosa. ¿Sigues mirándome? Me cuesta mantenerme inmóvil ignorando las ordenes de mi cerebro que inducido por mi sexo me dice que me tire sobre ti y te cabalgue salvajemente hasta que explotes dentro de mi. Me contengo, me duele el sexo de tanto contener el orgasmo.

Ohhhhh, algo metálico y frío recorre mis muslos ascendiendo despacio. Eso no me lo esperaba. Te noto tan cerca que casi puedo sentir tu calor. Esa cosa de metal se mete por debajo de mis braguitas, sobre mis ingles.
"Clic, clac" La tela cae. ¡Son unas tijeras! Despacio sigues con tu juego. Acaricias con el metal y cortas la ropa. Rozas casi como si fuera un descuido mis partes más sensibles para hacerme saltar. Un roce más y acabaras con mi control.
Me tienes ahora completamente expuesta. La blusa desabrochada, los pechos libres del sujetador, la falda enrollada en la cintura, mi sexo desnudo.

-Abre los ojos.

Estas arrodillado frente a mi, mi sexo a la altura de tu ojos, palpitando.

-Estas empapada. ¿Te gusta que te trate así?

Hundes tus dedos en mi sexo y empiezas un mete saca frenético. Buscas mi boca, me besas, me muerdes. Pellizcas mis pezones, estrujas los pechos. No puedo resistirlo más

- ¿Te vas a correr para mi, puta?

Lo has dicho susurrándolo en mi oído y tus tus dedos se han hundido más y mas dentro de mi. Exploto en un orgasmo increíble. No puedo parar de gritar. Sacas tu mano empapada, lames tus dedos y me abrazas con fuerza. Acabamos tirados por el suelo, tus ojos me miran con deseo.

-Te voy a follar hasta que me digas que pare, puta.

El comentario me vuelve a poner al borde del orgasmo y sé que esta noche será difícil de olvidar y que tal vez no te cueste tanto, otro día, volver a decir esa palabra que tanto te ha costado soltar.