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miércoles, 29 de agosto de 2007

Un día de playa

Aquel viaje por Asturias estaba resultando agotador pero por fin teníamos un rato para nosotros. Después de muchos días de calor, en Ribadesella no quería salir el sol. No era muy buena idea ir a la playa, pero nos habían hablado de una nudista poco visitada, la playa de La Vega, y nos apetecía mucho quitarnos la ropa y relajarnos tumbados en la arena.
Decidimos que pese a las nubes iríamos, ya que no hacía nada de frío. Cogimos el coche y el mapa y en menos de media hora estábamos sobre las toallas.
El sitio era bonito, una cala no muy grande rodeada de dunas y casi vacía, por lo menos aquel día. El agua estaba helada, apenas si me mojé los pies y salí, dejando a Luis disfrutando como un niño en medio de las olas. Tenía un poco de sueño así que me tumbé boca abajo gozando de los rayos del sol que se colaban entre las nubes. Una dulce modorra se apoderaba de mí y al poco me dormí.
Me desperté al sentir tu mano acariciándome los muslos pero me hice la dormida y abrí un poco las piernas como quien no quiere la cosa. Apartaste la mano y durante unos instantes sentí tu mirada sobre mí, supongo que observabas si dormía o no. Continué con los ojos cerrados y al poco reanudaste las caricias.
Tu mano iba desde las rodillas hasta el pliegue de mis nalgas y no sé si sería impresión mía o lo hacías a conciencia, pero tu pulgar cada vez que llegaba al hueco de entre mis piernas se introducía un poco más, e inconscientemente éstas se separaban unos centímetros más. No sé cuanto duro el juego pero para cuando tu dedo alcanzó la humedad de mi sexo yo estaba más que excitada y esperaba que no te detuvieras ahí.
Siempre habíamos fantaseado con hacerlo en la playa pero el miedo a que nos pillaran había sido más fuerte que el deseo en alguna de las ocasiones que tuvimos. Jamás me hubiera imaginado que este sería el lugar donde esa fantasía se haría realidad y aunque deseaba abrir los ojos, girarme y besarte me mantuve inmóvil para no romper el hechizo.
Tu dedo se introdució del todo en mi sexo y se me escapó un gemido. A estas alturas tú sabías perfectamente que no estaba dormida pero imagino que te gustó el juego y tenerme así, a tu entera disposición, por lo que hundiste aún más el dedo y te inclinaste sobre mí para recorrer con tu lengua mi espalda.
Acariciaste con delicadeza mis nalgas antes de enterrar tu cara entre ellas. Tu lengua bajó lentamente y se detuvo en el anillo rosado de mi ano. Jugabas a meter y sacar la lengua, debilitando la resistencia de sus pliegues sin olvidarte ni por un momento de tu dedo que entraba y salía de mi vagina cada vez más rápidamente. Estaba al borde del orgasmo y cada vez me era más difícil mantener la inmovilidad. Cuando sustituiste la lengua por otro de tus dedos, me corrí empapándote las manos y mordiéndome los labios para no gritar.
- No abras los ojos - dijiste mientras en pocos segundos, cogías mi cintura, me colocabas a cuatro patas, separabas mis nalgas y tu sexo entraba abriéndose camino por el estrecho canal de mi culo, lo cual me provocó un nuevo orgasmo que se encadenó con el anterior y me hizo gritar.
Un beso me silenció y me hizo abrir los ojos asustada.
- Todo esta bien, disfruta.
Estabas de rodillas frente a mi sonriendo y con una gran erección. Volviste a besarme mientras alguien seguía penetrándome a mi espalda. Acercaste tu sexo a mi boca mientras acariciabas mi pelo. Te lamí lentamente mirándote a los ojos hasta que mi desconocido amante cambio de ritmo, me agarró con fuerza las caderas y empezó un mete y saca cada vez más rápido, profundo y placentero. Cogiste mi cabeza, tu sexo llenó mi boca. Automáticamente empecé a chuparlo y succionarlo con pasión. Pronto los tres fuimos uno. Nuestros movimientos se acompasaron. Las sensaciones múltiples eran insoportablemente placenteras y un nuevo orgasmo me hizo temblar de pies a cabeza al mismo tiempo que el desconocido se corría dentro de mí. En ese momento tu semen lleno mi boca. Caí agotada sobre la toalla, me ayudasteis a darme la vuelta entre besos y entonces pude verle.
- ¡Eres tu! - grité sorprendida. Por increíble que fuera, allí estaba Pablo, uno de nuestros mejores amigos, sonriente. - ¡Lo teníais preparado! -.
Pablo me besó, tú me abrazaste y a lo lejos vimos que se acercaba alguien por lo que acabamos los tres en el agua jugueteando antes de volver al hotel donde... Eso será otra historia ;)

martes, 24 de julio de 2007

Soñando

Cuando pienso en ti, lo primero que me viene a la cabeza es la imagen de un bosque. Y no precisamente porque haya estado contigo en ese lugar ¡Qué ya te gustaría! Si no, porque esa fantasía tuya ha pasado a ser parte de las mías sin que yo lo pueda evitar.

Tú sabes de buena tinta que soy comodona y que descubiertas las posibilidades de una cama o sofá, lo de ir a un bosque a echar un polvo... como que no.
Pero mira chico, tanto bromear con el tema ha hecho que empiece a resultarme atractiva la idea o tal vez es sólo autosugestión.
Me pregunto que es lo que te da morbo exactamente.
Sé que el punto exhibicionista del asunto tiene mucho que ver. Te encantaría que hubiera alguien escondido observando como me desnudas.
Creo que pensar que esa persona desconocida se masturba en silencio desde su puesto de observación te pondría más cachondo y me follarías hasta la extenuación. Seguro que, el hecho de que yo ignorara que teníamos compañía (Porque te cuidarías muy bien de no decirme nada para no violentarme) aún te motivaría más.
Tengo una duda. ¿Me lo confesarías después compartiendo unas cervezas en el primer bar o guardarías el secreto para ti solito?
También se me ocurre que te puede salir la vena aventurera y decidieras que donde disfrutan dos pueden disfrutar tres. Suponiendo que esa persona anónima se prestara al juego... ¿Cómo reaccionaría yo? Lo estoy escribiendo y ya me excito, reconozco que es extremadamente morboso.
¿Realmente me dejaría llevar por la confusión de besos, caricias, bocas, manos, sexos...? Siendo racional la respuesta esta clara, saldría corriendo presa de un ataque de pánico. Claro que, nunca he sido muy racional.

A veces pienso que además de exhibirte y exhibirme lo que realmente deseas es atarme a un árbol desnuda y someterme a tus caprichos. Eso me hace soñar aún más.
Me imagino sujeta por la cintura con una cuerda que rodea el tronco del árbol y da otra vuelta bajo mis pechos, elevándolos ligeramente. Dejarás mis brazos y manos libres pero atarás mis tobillos tensando la cuerda por detrás del tronco de forma que mis piernas se mantengan abiertas. Me gustaría que vendaras mis ojos pero no lo harás. No te quieres perder ni un solo gesto de mi cara.
Te sentaras frente a mi observándome en silencio. Sabes que eso me pone muy nerviosa.
Pronto mi cuerpo se cubrirá de sudor y los pezones me traicionaran una vez más delatando mi excitación.
¿Me pedirás que me masturbe para ti?
¿Hundirás tu lengua en mi sexo haciendo que me corra una y otra vez en tu boca?
¿Morderás mis pechos mientras tus dedos me penetran sin piedad?
¿Te refregarás contra mí mostrándome tu erección, mezclando tu sudor con el mío, llevándome hasta el límite pero sin dejarme acabar?
¿Aguantarás mucho tiempo sin desatarme privándote del placer de usar mi boca?
Ya ves... mi imaginación se desboca, fantaseando con sexo al aire libre y quizás, lo único que te apetece es dar un simple paseo entre la vegetación. Vas a tener razón, ¡Lo mío es puro vicio!
Vicio o no, cada vez que paseo por un bosque tu presencia se hace patente. Mi mente recrea tu imagen y rememoro tu voz. Me excito y busco a mi alrededor un lugar adecuado. Lo retengo en la memoria por si un día apareces y decidimos que todo esto deje de ser una ilusión y se convierta en realidad.

lunes, 9 de julio de 2007

Atrapados

Allí estábamos, por fin sentados frente a frente en la mesa del restaurante al que me habías invitado a cenar para impresionarme, sin darte cuenta que una marisquería para turistas no era el lugar adecuado para ese fin.
Dos meses hablándonos a través de un monitor dan para mucho y esperaba tener ante mí al hombre seguro de si mismo, castigador y sin pelos en la lengua que durante todo ese tiempo había estado jugando conmigo al gato y el ratón. Por supuesto, el papel de ratón me tocaba siempre a mi. Lo que me encontré fue a alguien tan perdido como yo pero con una autoestima a prueba de bombas ¿Quien si no es capaz de ponerse una americana roja y unos pantalones de pinzas del siglo pasado y creerse Alain Delon?
Te recogí bajo un aguacero impresionante lo que evitó pensar si sería sensato o no ir en mi coche con un desconocido o tomar el primer metro para estar rodeados de gente. Tu voz me encantó, varonil y con un punto canalla que me puso nerviosa pero logré aguantar el tipo sin dejar de pensar en una de nuestras últimas conversaciones, cuando dijiste que me ibas a regalar un consolador para celebrar nuestro encuentro ¿Habrías sido capaz? No vi ningún paquete pero no descarté la posibilidad de que tuvieras un as en la manga.
Me violentaba sentir tu mirada en mi escote y saber que lo estabas haciendo a conciencia, porque disfrutabas viendo como me sonrojaba sin poder evitarlo.
La conversación era fluida. Siempre lo había sido. Es fácil hablar contigo aunque no tan fácil llevarte la contraria.
Sin embargo desde el primer día entre tu y yo hubo algo parecido a un pacto tácito de no agresión. ¡Y mira que nos las decíamos gordas!




-¿Siempre bebes con pajita?
La pregunta me sorprendió. No tenía nada que ver con la crítica que en ese momento estabamos hacienco del Sr. Aznar y sus ansias de pode.
Más roja que antes, dejé la bebida y farfullé algo incoherente mientras me mordía el labio inferior, gesto que siempre hago cuando estoy nerviosa.
-Mujer, si estabas muy sexy. Tienes una boca preciosa y seguro que muy dulce.
-Sólo tienes que probarla y lo sabrás - Te contesté retadora tragándome la timidez.
-Habrá tiempo para todo -Dijiste pasando uno de tus dedos por mis labios y ese gesto, por increíble que parezca, me calmó.
Te juro que cuando pedí espárragos con mayonesa de primero, no pensé que comerlos se convertiría en un juego de seducción.
Mojar la puntita en la mayonesa, acercarla despacio a los labios para que no gotee, y morderla con decisión pero delicaleza sin dejar de mirarte a los ojos, estaba resultando algo electrizante. Sobretodo porque la presión de tus rodillas contra las mías se intensificaba al mismo tiempo que el brillo de tus ojos.
No creas que me manché la barbilla a posta, la mayonesa es tan traicionera...
-Te has manchado - dijiste mientras me limpiabas con un dedo.. Un dedo que pusiste entre mis labios, que yo estomáticamente chupé entrecerrando los ojos. Un dedo que tú dejaste unos segundos más de lo necesario.
-Unos labios muy suaves, sin duda.
El camarero apareció para retirar los platos y de paso mirarme con descaro mientras, sonriente , te preguntaba si todo estaba a tu gusto. Me pareció notar cierto retintín en su voz.
-Esta todo buenísimo - le contestaste mirando hacía mí.
El rubor volvió a aparecer en mi cara pero por suerte el camarero ya se había marchado con los platos.
- Voy al lavabo.
- Bien, pero camina despacio, quiero verte bien.
Esa frase me paralizó y dudé entre ir o no ir durante un instante.
"No dejaré que me descoloques" - Pensé para mi.
Me levanté, cogí aire y me incline un poco hacía ti de forma que pudieras ver mi pecho en su totalidad. Giré lentamente.
El pantalón se había bajado un poco y el tanga asomaba impúdico por encima del borde. Empecé a caminar lentamente con un leve contoneo de caderas sabiendo que mi culo, en ese momento, era tu centro de atención.
"¿Qué estoy haciendo?" - Me pregunté nada más cerrar la puerta del baño.
Sabía que jugaba con fuego y que si seguía así no podría pararlo pero... ¿Quería pararlo?
Estaba excitada, me sentía guapa y confiaba en ti y eso que tu aspecto de boxeador no era demasiado tranquilizante.
El móvil sonó justo cuando acababa de bajarme el tanga. No sé porque lo cogí. No suelo hacerlo cuando estoy en un lugar tan inadecuado y menos con el culo al aire, pero sabía que eras tu aunque en la pantalla apareciera como número oculto.
-¿Si?
- Seguro que estas muy sexy con la ropa a medio quitar. Tendrás que agradecerme el esfuerzo que estoy haciendo para no entrar y acabártela de quitar. Me quedé callada con ganas de decirte que entraras, que me arrancaras la ropa y que hicieras lo que quisieras conmigo.
¿Cómo sería montárselo en el lavabo contigo? La fantasía se esfumó al oír de nuevo tu voz.
-¿Me lo vas a dar, verdad?

¡No podía ser que recordaras eso!
- No sé a que te refieres - Contesté.
- Vamos... no te hagas la interesante, ya sabes lo que quiero que hagas.
Era una situación surrealista pero excitante. Reconozco que me tenías en tensión desde que te recogí, bueno, casi desde que te conocí y tú lo sabías y lo explotabas.
Claro que, la culpa es mía por jugar contigo sin tener claro si quería jugar. Ahora las cartas estaban sobre la mesa y en mi mano estaba la decisión de plantarme o no. Hacía mucho tiempo que no estaba tan excitada. ¡Quería más!
Me bajé el pantalón del todo para quitarme el tanga y entregártelo como un regalo. Era una de tus fantasías, ya sé que con pantalones no es lo mismo. No podrías meter el pie entre mis piernas bajo la falda...
Regresé a la mesa con la sensación de que todos me miraban. De que sabían que la costura del vaquero empieza a rozarme de lo empapado que estaba.
-Se van a enfriar las gambas, tardona.
Me preguntó como puedías mantener la compostura mientras yo temblaba.
- Lo siento, me entretuve.
"¿Y ahora como te lo doy?" - Pensé. Había una rubia oxigenada en la mesa de enfrente que no nos quitaba ojo.
- Esto es para ti - Susurré extendiendo mi mano cerrada en tu dirección.
Sonreíste, me besaste la mano y abriste mis dedos de uno en uno. La prenda cayó en tu mano. Te la llevaste a la nariz con disimulo para olerla, aunque no tan discretamente como para que la rubia se diera cuenta del detalle y empezara a dar codazos a uno de sus acompañantes. Ahora nos miraban todos. Lo sabían, seguro.
- Hueles muy bien - Comentaste haciendo desaparecer el tanga en el bolsillo de tu chaqueta.
No llevaba falda pero tu pie descalzo rozaba mi pantorrilla y ascendía despacio mientras pelabas una gamba y me la ofrecías.
Volví a lamer tus dedos. Tu pie presionaba mi entrepierna y se me hacía difícil mantener la conversación. Te facilité el avance separando más las piernas.
La rubia se levantó y se dirigió al lavabo. Al pasar junto a nuestra mesa me guiñó un ojo. Bajé la mirada avergonzada. La presión de tu pie era insoportable y continuabas hablando de tu niñez siguiendo con la mirada los movimientos del culo del la rubia.
- Tu culo es mucho mejor - Dices de repente sin venir a cuento.
Tuve que morderme el labio para no gemir. Busqué tu mano y la apreté con fuerza. No pudé evitar cerrar los ojos disfrutando de ese instante. Mi vagina palpitaba tan fuerte que creo que lo sentías en tu pie a través de la tela del pantalón.
Respiré hondo, abrí los ojos y allí estabas tu sonriendome burlonamente.
- Cuando me dijiste que eras fácil, no pensé que lo eras tanto.
Nos reímos los dos y brindamos por la felicidad.
La rubia volvió del baño con el maquillaje retocado, algún botón de más desabrochado y un gesto provocativo dedicado a ti.
¡Qué lástima! Le dedicaste una mirada de desprecio y la ignoraste cuando ella fingió torcerse un tobillo justo al lado de nuestra mesa. Su agradecimiento tuvo que ser para el camarero que en ese momento nos traía la cuenta y la socorrió.
No debería decirlo pero en ese momento me sentí como la Reina de Saba.
Pagaste. Retiraste mi silla para que me levantara. ¿Sabes? Eres el único hombre en mi vida que ha hecho algo así y por mucha igualdad, feminismo y demás cosas que dicen que eso es una horterada, me gustó y me siguió gustando cada vez que lo hacías.
Te besé apasionadamente ¡Qué más da que estuviéramos rodeados de gente! Tu lengua penetró en mi boca impaciente por encontrar la mía. Me abrazabas con fuerza. Creo que eso evitó que me cayera debido a la flojedad de mis piernas. Estuvimos así durante unos segundos, segundos que me parecieron horas. Me cogiste de la mano y salimos de allí.
No pude evitar mirar a nuestra "amiga" que nos observaba con envidia. Sola en aquella mesa, acompañada de tres hombres que hablaban de sus cosas sin hacerle caso.
Lo de la pensión se me ocurrió a mi, no quería un polvo rápido en el asiento de atrás del coche, y tu te dejaste llevar.
Tardé en olvidar la cara sarcástica del melenudo que ejercía de conserje esa noche, en el mismo momento que nos dio la llave.
Cuando el ascensor llegó arriba ya te había desabrochado la camisa sin dejar de comerte la boca. No sé como te lo hiciste para desnudarme el pecho sin sacarme la camiseta. Estrujabas mis senos luchando al mismo tiempo con la cerradura. La puerta se abrió de repente y perdimos el equilibrio. Caímos al suelo.
Cerraste la puerta con el pie mientras mordías uno de mis pezones.
La ropa desapareció mientras me penetrabas como si fuera la única cosa que te importara en el mundo.
No recuerdo como pasamos del suelo a la cama ni que pudo pasar para que acabarás atado al cabecero retorciéndote del placer que provocaba mi boca en tu sexo.
Pronto te liberaste y pasé a ser tu prisionera. Los papeles se invirtieron y los gritos llenaron la habitación.
Aquel fue el primero de muchos encuentros.
No sé en que momento dejó de ser sexo para convertirse en algo más. Una pasión arrolladora que hacía que cada vez que nos veíamos fuera única y lo vivíamos como si fuera la última vez.
Hace tiempo que te fuiste. Casi había conseguido olvidarte. Tu vives con ella, yo con él... Pero, cuando abrí aquel paquete y descubrí el tanga que tenías en tu poder supe que acudiría donde fuera y como tu quisieras en el momento que me lo pidieras.

viernes, 29 de junio de 2007

Safo de Lesbos

Safo fue una poetisa griega (600 a.C.) nacida en la isla des Lesbos. Daba clases a jóvenes aristócratas a las que preparaba para el matrimonio y por lo que se deduce de sus poemas se enamoraba de ellas y con alguna mantenía relaciones (A pesar de estar casada). De estas relaciones salieron los términos safismos y lesbianismo para denominar las relaciones homosexuales entre mujeres.

Fue una mujer muy famosa en su época y su fama se acrecentó después de su muerte. Se suicidó despeñándose por un acantilado (no se sabe si despechada por un hombre o una mujer). De su obra, muy extensa, se conservan apenas unos poemas porque en el año 1970 la Iglesia Católica ordenó quemar todos sus poemas.
Su obra es uno de los ejemplos más sobresalientes de la lírica (poesía escrita para ser recitada acompañada de la música de una lira). Su poesía habla del amor, de los celos, de la pasión y casi siempre esta dedicada a muchachas.


A una amada

Me parece que igual a los dioses
es aquel joven que frente a ti
se sienta y escucha de cerca mientras
amable conversas.

Y sonríes seductora. Sí, esto
aterra mi corazón dentro del pecho,
pues tan pronto te miro un instante,
como ya me es imposible decir una palabra,
pues mi lengua desfallece; en seguida,
un fuego sutil irrumpe bajo mi piel,
nada veo con mis ojos, zumban
mis oídos,
se me esparce el sudor, un escalofrío
me apresa toda, estoy más pálida que la hierba
y me parece que falta poco para morir.
Pero todo hay que soportarlo, pues

domingo, 24 de junio de 2007

Jugando

- Lo estas haciendo muy bien preciosa, así inclínate un poco más. Quiero ver esas braguitas tan lindas. Ummmmm, me encanta.

Me excita exhibirme para ti, ver como tu cara, habitualmente tan seria, se transforma. Te brillan los ojos, se humedecen tus labios, se entreabre la boca y sonríes de forma tan lasciva que solo con verte todos los poros de mi piel se abren y empiezo a destilar ese perfume tan particular que sé que te pone a cien.

- Súbete un poco más la falda... ¡Dios, que culo tienes!

Si supieras como me pone tu voz no serías tan tacaño con lo que me dices. Sí, sé lo mucho que te cuesta decir según que cosas pero tampoco fue fácil para mí hacer posturitas ante ti dejando a un lado el pudor y los complejos. Necesito que te desinhibas, que me pierdas el respeto, que me digas lo que estoy deseando oír, esa palabra que hará que me vuelva loca y solo desee ser tuya y que hagas conmigo lo que quieras.

-Siéntate, abre bien las piernas, tócate por encima de las bragas. ¿Estas caliente, verdad?

¡Cómo no voy a estar caliente! Si en lo único que puedo pensar es en tu polla. Ves... no cuesta tanto ser soez. Claro que... pensar que estoy caliente como una perra y que quiero que me folles como a una puta, no es lo mismo que decírtelo. Solo de pensarlo me he ruborizado, lo noto. Me quema la cara ¡Si fuera sólo la cara!
El algodón de la braga se pega a mi piel, estoy empapada. Cada caricia es más intensa que la anterior, mis dedos presionan sobre la tela intentando abrir los labios de mi sexo para rozar aunque sea mínimamente el clitoris. Lo único que consigo es hundir la tela y el roce es a medias doloroso, a medias placentero.

-Quieta, las manos sobre el reposabrazos.

Tus ojos fijos sobre mi sexo mirando los labios remarcados por la tela húmeda de las bragas, de esta forma quedan aún más expuestos que si estuviera desnuda. Mi sexo palpita, la sensación es tan intensa que creo que hasta tu lo puedes ver.

-Desabróchate la camisa. Así, apártala un poco. Te van a reventar los pezones... Bájate el sujetador. Quiero verlos sin tela de por medio. Pellízcalos.

Te lo estás tomando con calma y yo estoy al borde del orgasmo. Déjame que me masturbe para ti. Necesito que veas lo cachonda que me pones y que sepas que soy capaz de todo por ti.

- No te muevas. Cierra los ojos y no los abras hasta que yo te diga.

Ummmm, eso de no ver me pone un poco nerviosa. ¿Sigues mirándome? Me cuesta mantenerme inmóvil ignorando las ordenes de mi cerebro que inducido por mi sexo me dice que me tire sobre ti y te cabalgue salvajemente hasta que explotes dentro de mi. Me contengo, me duele el sexo de tanto contener el orgasmo.

Ohhhhh, algo metálico y frío recorre mis muslos ascendiendo despacio. Eso no me lo esperaba. Te noto tan cerca que casi puedo sentir tu calor. Esa cosa de metal se mete por debajo de mis braguitas, sobre mis ingles.
"Clic, clac" La tela cae. ¡Son unas tijeras! Despacio sigues con tu juego. Acaricias con el metal y cortas la ropa. Rozas casi como si fuera un descuido mis partes más sensibles para hacerme saltar. Un roce más y acabaras con mi control.
Me tienes ahora completamente expuesta. La blusa desabrochada, los pechos libres del sujetador, la falda enrollada en la cintura, mi sexo desnudo.

-Abre los ojos.

Estas arrodillado frente a mi, mi sexo a la altura de tu ojos, palpitando.

-Estas empapada. ¿Te gusta que te trate así?

Hundes tus dedos en mi sexo y empiezas un mete saca frenético. Buscas mi boca, me besas, me muerdes. Pellizcas mis pezones, estrujas los pechos. No puedo resistirlo más

- ¿Te vas a correr para mi, puta?

Lo has dicho susurrándolo en mi oído y tus tus dedos se han hundido más y mas dentro de mi. Exploto en un orgasmo increíble. No puedo parar de gritar. Sacas tu mano empapada, lames tus dedos y me abrazas con fuerza. Acabamos tirados por el suelo, tus ojos me miran con deseo.

-Te voy a follar hasta que me digas que pare, puta.

El comentario me vuelve a poner al borde del orgasmo y sé que esta noche será difícil de olvidar y que tal vez no te cueste tanto, otro día, volver a decir esa palabra que tanto te ha costado soltar.

domingo, 17 de junio de 2007

Modelos


Siempre me he preguntado que sienten las modelos cuando posan desnudas para un grupo de aprendices de pintor.
¿Se sentirán nerviosas cuando dejan caer la ropa al suelo? O todo lo contrario, se llenan de paz interior y por eso se ven tan magnificas en su desnudez.
A veces pienso que es simple exhibicionismo. En vez de mostrarse en lugares publicos de cualquiera manera a riesgo de que algún depravado se les eche encima, lo hacen bajo los focos de un estudio, sometiéndose a la mirada de un grupo de artistas capaces de alejar de su mente cualquier tipo de pensamiento libidinoso.
Es posible que simplemente estén pensando en la lista de la compra mientras posan y no sienten las miradas sobre su piel.
Si yo fuera modelo mi mente sería un torbellino y no creo que pudiera mirar a la cara a ninguno de mis atentos observadores.
Primero me pondría nerviosa y no sabría ni como ponerme. Alguno se acercaría a mí, me indicaría la pose a adoptar, me colocaría los brazos de forma adecuada, retiraría un mechón de mi cara con una caricia y volvería a su lugar.
Después de esto, más tranquila pero completamente ruborizada me enfrentaría a los pintores y empezaría a disfrutar con la situación.
Me calentarían sus miradas "profesionales" sobre mí y sentiría esa sensación tan familiar entre calor y frío, la humedad empezaría a lubricar mi sexo.
Cambiaría la expresión de mi cara y alguno me diría: "Esa sonrisa no, tu cara ha de estar relajada" pero me sería imposible cambiar la cara imaginándoles a ellos desnudos también a mi alrededor.
Uno me besaría, otro estrujaría mis senos, alguno más rápido hundiría su mano en mi sexo. Los más fetichistas lamerían los dedos de mis pies y los olores de unos y otros llenarían el estudio.
Sus sexos calientes y duros contra mi piel me enardecerían.
Confusión de bocas, de manos, de sexos. Mezcla de pieles, de olores, de sabores. Ruidos de besos, de succión, de penetraciones constantes. Jadeos, gemidos, gritos.
Mirar y ser mirados, usar y ser usados. Cuerpos enredados sin distinción de sexo. Lujuria o locura o simplemente sexo inesperados placentero y sin barreras.
Arriba, abajo, de un lado, de otro, el espacio se expande y se contre adaptandose al amasijo de cuerpos sudorosos.
Penes grandes, penes pequeños, lisos, llenos de venas, inquietos, salvajes... El universo en ese momento gira alrededor del pene y me siento bien. Me siento feliz, satisfecha, poderosa, casi como una diosa.

- Cariño... si sigues sonriendo así no podemos continuar. Cinco minutos de descanso y seguimos.

El universo de penes se derrumba y yo sigo aquí, desnuda y ellos allí. Frente a mí. Detrás de sus caballetes y por supuesto... todos están vestidos.
Sacudo la cabeza a ver si así logro que mis pensamientos salgan volando y si hay suerte... Quien sabe, ¡Yo si creo en la telepatía!
No puedo dejar de preguntarme: ¿Qué sienten las modelos cuando posan desnudas.

miércoles, 13 de junio de 2007

Un certificado

Siempre me ha gustado recibir cartas pero de un tiempo a esta parte escasean por culpa de Internet.
Recuerdo muy bien cuando te abrí la puerta por primera vez, hace ya tres años.
-Un certificado-dijiste echándome un rápido repaso.
Acababa de salir de la ducha y me había puesto lo primero que encontré, un vestidito de tirantes tan desgastado que mostraba más que lo que tapaba y como casi no me había secado, la tela se pegaba a mi piel como un guante.
-Es por el frío-te dije al ver tus ojos pegados en mis pezones mientras firmaba el resguardo.
Esperaba que te cortaras y te fueras rápidamente avergonzado. ¡Qué ilusa! No te conocía.
Sin darme tiempo a reaccionar te colaste en casa, cerraste la puerta con un meneo de caderas, metiste las manos bajo mi vestido y cogiéndome por la cintura me acercaste a ti mientras tus labios se pegaban a los mios. Todavía no sé por qué no te rechace pero me deshice cuando tus dedos empezaron a acariciar mi sexo y susurrándome al oído me dijiste: "¿Mejor ahora, preciosa?" De ahí a revolcarnos como locos por el suelo del recibidor solo hubo un paso.
Me usaste como quisiste y mis gritos de placer se debieron de oír por toda la escalera pero en aquel momento no estaba pensando precisamente en eso.
Me debí de quedar dormida y cuando desperté ya se había ido, todavía tenía su olor en mi piel y aunque agotada si hubiera estado a mi lado...

Fue duro aguantar las miraditas de los vecinos, señal de que me habían escuchado y que me habían clasificado de chica fácil por decirlo de una forma suave pero me lo compensabas con creces. ¡Seguro que era la única usuaria de Correos a la entregaban las cartas en persona!
Me aprendí tu piel de memoria, mi lengua conocía el lugar exacto que hacía que explotaras y te derramaras entre gritos la mayoría de veces sobre mi.
Me volvía loca sentir tus manos extendiendo tu semen sobre mi pecho y después tu lengua lamiéndolo para besarme inmediatamente compartiendo tu sabor, mi sabor.
No quedó lugar de la casa que no recorriéramos, ni postura que no intentáramos. Cada vez que sonaba el timbre rezaba a todos los dioses para que fuera una nueva carta.
Nos conocemos tanto y sin embargo, todavía hoy desconozco tu nombre, tu vida, tu teléfono, tu dirección... Somos dos desconocidos unidos por una pasión inexplicable y eso hace que volver a tenerte sea especial.

Fueron pasando los años y las cartas se fueron espaciando lo que hacía que cada encuentro fuera más apasionado, casi con desespero como si fuera la última vez que nos íbamos a ver. Hasta que llegó el momento que tanto habíamos temido, las cartas dejaron de llegar.
Todos mis amigos y amigas se han pasado al messenger y las únicas cartas que llegan son los recibos del banco y esos no los repartes tú.
Me suscribí a una colección horrible de muñecas chochonas con el único fin que las trajeras a casa pero resultó que las traían por Seur.
Soborné a mis parientes para que dejaran de usar el teléfono y escribirán cartas pero no pasaron de la primera.
Me suscribí a mil y un boletines informativos pero... eso tampoco compete a Correos.
Por fin encontré la solución, ¡la teletienda acudió en mi ayuda! Tengo la casa llena de trastos inútiles y mi cuenta bancaria empieza a rozar los números rojos pero cada vez que suena el timbre y escucho tu voz diciendo: "Un certificado" un escalofrío recorre mi columna y el calor inunda mis entrañas mientras te abro la puerta.